Puerta del Vado

Click en la imagen para más tamaños.
El recinto amurallado de Alcalá de Henares tuvo su origen en el siglo XIII. Las necesidades defensivas propias de la inseguridad política y militar del momento hacen que el Arzobispo de Toledo, Rodrigo Ximénez de Rada (1209-1247), decida amurallar la villa medieval y construir unas casas arzobispales en el lugar que hoy ocupa el Palacio Arzobispal. La muralla del siglo XIII contó con varias puertas, entre ellas la Puerta del Vado, situada hacia la actual plaza del Empecinado.
Durante el arzobispado de Pedro Tenorio (1377-1399) se repara y amplía la fortaleza arzobispal, y se reedifican amplias zonas de la muralla que la rodea.
Sin embargo, hacia 1454, el arzobispo Alonso Carrillo de Acuña (1446-1482) inicia la construcción de la segunda muralla, encerrando dentro de la ampliación al nuevo caserío que se había ido formando extramuros, además de la plaza del Mercado y el monasterio franciscano que acababa de fundar (conocido con el tiempo como de San Diego).
La ampliación, que supone un aumento de 294.240 metros cuadrados, abre dos nuevas puertas en el lienzo este: la Puerta de Guadalajara (actual plaza Puerta de Mártires) y la Puerta de Aguadores (en la plaza del mismo nombre). El lienzo sur también amplía su perímetro, trasladando la Puerta del Vado (actual plaza Puerta del Vado) y construyendo la nueva de San Julián (al final de la calle de San Julián), y se supone que una más, que pudo situarse entre la de San Julián y Aguadores, hacia la esquina entre las calles del Carmen Descalzo y Santo Tomás de Aquino.
Hoy en día, la Puerta del Vado no existe en sí misma, y lo único que lo recuerda es una majestuosa fuente en la que se encuentran dos cigüeñas, homenaje a las permanentes visitantes de nuestra ciudad.
Fuentes: Ayuntamiento de Alcalá de Henares.





