
Click en la imagen para más tamaños.
Situado en la rotonda de Manuel Azaña, se encuentra un pequeño parque retarado hace pocos años en el cual se encontraba originalmente la fábrica de cerámica Cermag.
La excelente calidad de las arcillas de los cerros y las aguas del Henares hicieron de la fabricación cerámica una de las actividades más características de Alcalá: en época romana y medieval, pequeños talleres artesanales producían especialmente para las necesidades constructivas de la ciudad. los productos principales eran las tejas y los ladrillos macizos, que se secaban al sol y luego se cocían en hornos de pequeño tamaño. En la década de los años cincuenta del siglo pasado, el auge generalizado de la construcción en Madrid favoreció la producción de materiales cerámicos, y en Alcalá proliferaron las fábricas industriales de ladrillos, formando parte del paisaje urbano en la zona de los cerros y el río.
Estas grandes fábricas - la Cerámica Pinilla, Estela, Cuatro Caminos, Gorda Arévalo, Unión Cerámica Española - existentes en Alcalá fueron desapareciendo poco a poco hacia fines de siglo. Sin embargo, como homeneje a su memoria, el Ayuntamiento de la ciudad ha conservado como recuerdos mudos algunos de sus elementos más característicos. A tan solo unas decenas de metros de este punto se eleva la esbelta chimenea de ladrillo de la Cerámica Pinillo; y en los terrenos de este parque se hallaba una de las fábricas más importantes, la Cermag, de la que se ha conservado uno de sus elementos más característicos, el horno Hoffman, llamado así en honor a su inventor, un ingeniero alemán.
Dicho horno consistía en una cámara de cocción continua, que nunca se apagaba. Consistía en una planta rectangular con una gran galería de sección abovedada subdividida a su vez en cámaras, sistema que permitía que el fuego circulara de forma permanente durante la cocción: mientras en una sección se estaba cociendo el material, en la siguiente, se empezaba a elevar la temperatura al tiempo que en la anterior, el material ya cocido empezaba a enfriarse, y así podía ser descargado y llenado de nuevo. Este horno evitaba los cambios bruscos de temperatura, consiguiendo una cocción paulatina y homogénea y un funcionamiento del horno más económico, al aprovecharse al máximo el calor.